Testimonio
Es Dios quien sana, porque con Dios todo es posible (Mateo 19:26).
Cuando Dios sana a alguien, en el tiempo de Cristo se confirmaba que era el sacerdote quien debía dar testimonio de la sanación (Mateo 8:4). Hoy, es la ciencia médica la encargada de confirmar esa sanación; esta es la posición de la Iglesia (Eclesiastés 38:1-5). La postura de la Biblia y de la Iglesia es la misma que la de la gracia. Por eso, las personas que dan testimonio de su experiencia deben buscar la confirmación necesaria. El propósito de estos testimonios, presentados en el asiento de gracia, es únicamente dar a conocer al Cristo que hemos experimentado al mundo.